Crónica publicada en la página 2 de la edición impresa de diario HOY y en su página web el 5 de abril de 2012.
Quito es la ciudad que todos los años en Miércoles Santo cobra un protagonismo único en el mundo con la ceremonia del popularmente conocida como Arrastre de Caudas.
Fueron cientos de quiteños y extranjeros, devotos y curiosos, quienes ayer se agolparon nuevamente en la Catedral Metropolitana para presenciar esta ceremonia religiosa, que a algunos causa miedo, a otros impresiona, y a otros tantos les hace entrar de lleno en las conmemoraciones de la Semana Santa, que oficialmente se inician hoy con la misa de Jueves Santo.
Con una milimetrada organización a cargo de los funcionarios de Quito Turismo, la iglesia primada del Ecuador comenzó a llenarse a lo largo de la mañana. Nadie quería que le tocara un mal puesto. Tan es así que el pasillo central estaba repleto de gente parada. Delante, los bancos de autoridades, como el embajador de Italia y su familia, y otros privilegiados.
Los pasillos laterales quedaron despejados para la procesión, mientras que, cerca de las 12:00, la hora de inicio de la ceremonia, la muchedumbre que no había logrado un sitio se agolpó alrededor de la puerta trasera. Había 2 000 personas en total, según el municipio. El trasiego era intenso, y las voces y murmullos también, hasta que apareció el acólito de la catedral a explicar el acto religioso, unos minutos antes de su inicio.
A partir de entonces, el silencio se hizo en el templo, y el ambiente, al igual que el cielo afuera, ennegreció.
Así, a la hora prevista, la procesión se inició con el canto del “Victoria, tú reinarás”, a cargo del coro de los alumnos del Conservatorio Superior de Música Jaime Mola.
El pueblo levantaba las barbillas para ver a los canónigos (sacerdotes de la Catedral), vestidos con las caudas negras (atuendos largos de unos 3 o 4 metros que se arrastran por el suelo) y la cabeza cubierta con capucha.
Tras ellos apareció el arzobispo de Quito, Fausto Gabriel Trávez Trávez, y sus auxiliares René Coba Galarza y Danilo Echeverría, quienes presidirían la ceremonia.
Concluidos los ritos iniciales, el órgano, grave, entonó la marcha fúnebre, el momento más esperado. Las potentes luces iluminaron entonces los pasillos, y nada más; mientras el incienso se agitaba por el templo.
Los canónigos, con sus largas caudas desplegadas dieron la vuelta a toda la nave, con paso firme y cansado. En medio, uno de ellos llevaba la bandera característica de esta ceremonia, de un tamaño aproximado de dos metros por dos, con fondo negro, símbolo de la muerte y el luto, y una cruz roja en medio, que simboliza el martirio y la sangre de Cristo.
Tras la procesión, los canónigos se postraron en el presibiterio anterior al altar. Entonces, al son del “Vexila Regis” (banderas de Cristo) el arzobispo cogió la bandera y la batió sobre el altar, que representa el cuerpo de Jesucristo, para luego hacer lo mismo sobre los sacerdotes y el pueblo arrodillado, y también atónito.
La ceremonia tiene su origen en los actos fúnebres de los generales romanos caídos en batalla. Los oficiales batían el estandarte sobre el cuerpo del soldado para luego hacerlo sobre las legiones, y así transmitir las virtudes del caído a la tropa. La tradición fue adoptada por la Iglesia, y es un acto lleno de simbolismo. Primero, el desfile fúnebre con las caudas arrastradas representa a la especie humana ensombrecida por el pecado. La batida de la bandera, por el contrario, representa la redención de Cristo, sobre quien se pasa el estandarte para transmitir sus virtudes a los clérigos y al pueblo.
Así lo recordó Trávez en su sermón, quien, además, dijo que Quito es la única ciudad de América que mantiene esta tradición, tal y como pudo comprobar con sus colegas peruanos en México, con motivo de la última visita del papa, quienes le mostraron su interés por recuperar esta tradición en Lima.
El Arrastre de Caudas comenzó a celebrarse en Sevilla (España), y este se trasladó a las catedrales primadas de América, como Lima. Quito, al depender de Lima en la época virreinal, adoptó igualmente la tradición y ahora es la única plaza americana que la mantiene. (RMD)
Sobre la celebración de la “Reseña”
El Arrastre de Caudas es también conocido como Reseña, definida también como “fúnebre apoteósis de la Cruz redentora”.
Según la tradición cristiana, la palabra “reseña” se toma en el significado de “revista que se hace a la tropa”. El cabildo de los canónigos (principal sacerdote de los que sirven en una Catedral), presidido por su obispo, representa a la tropa o “ejército del Rey eterno”, Jesucristo.
Esta tropa desfila en esta procesión portando el lábaro de la cruz (la bandera negra con cruz roja) y también una reliquia de la verdadera cruz, que igualmente presidió la procesión de ayer.
Los fragmentos de la cruz en la que Cristo murió se extienden por todo el orbe cristiano y tienen un incalculable valor para la Iglesia y los creyentes.
Como todas las reliquias de la “vera crux”, la que está en la Catedral de Quito consiste en dos astillas de madera de no más de 10 centímetros.
Crónica publicada en la página 2 de la edición impresa de diario HOY y en su página web el 17 de marzo de 2012.
Mauricio lleva dos años como técnico de las máquinas tragamonedas en el casino Montecarlo del hotel Mercure de Quito. Hoy se ha puesto por última vez su armilla roja, camisa blanca y pantalón negro, y se entrecortaba al hablar. “Nostalgia y tristeza” es lo que siente. Los reclamos y las alegrías de sus clientes desaparecen para siempre. Su nombre no es real, porque la dirección del casino no autorizaba a hablar a los empleados para no “bajar la moral”.
Y si no fuera por un lleno total, y la presencia de algunos fotógrafos entre las máquinas, el ambiente podría ser el de un viernes cualquiera. Los croupiers repartían sus cartas como siempre, y la gente jugaba y apostaba. Pero había pocas sonrisas, y las palabras “es el último día” se repetían de mesa en mesa.
“Esto es terrible, nos quitan la diversión”, decía Wilson Rosendo, uno de los jugadores más jóvenes, de origen cubano. “Esto es una cosa sana y a partir de mañana (hoy) sí que van a perjudicar”, acotó. Sin embargo, la sensación de final parecía no pertubar su afán por ganar en el blackjack. Ayer, la mayoría estaba ahí para hacer lo de todas las noches: jugar.
Sin embargo, también había curiosos, que hacían fotos del rótulo que iba a iluminarse por última vez en la puerta, o que comentaban su disconformidad con la medida. Juan, que no frecuenta el lugar, es uno de ellos: “La pregunta (de la consulta popular) me parece un disparate, cada uno es responsable de sus actos”.
Por su parte, Mónica Bernal, de 27 años, está de acuerdo con la medida, y cree que “hay que cambiar la cultura del país”. Ayer fue a darse una vuelta y ver qué ocurría por ser el último día.
Como ella, muchos jugadores que ayer echaban sus últimas fichas, daban su aprobación al cierre. “Está bien que cierren, así me quitan el vicio”, decía Fernando Almeida, que, con una tabla de Bingo en la mano, considera el juego una “alcahuetería”.
Su compañero Marcelo Aguilera, en la misma línea, aseguró que no le quitan nada, y que el tiempo “se utilizará en otra cosa”.
No obstante, la preocupación va más allá de los sentimientos, o de qué nuevas distracciones encontrarán los clientes hoy.
El mismo hotel Mercure, asociado al casino, dejará de percibir entre unos $800 mil y $1 millón anuales, según el gerente Pedro Sánchez. “No se puede suplir”, añade en relación a los ingresos.
Sánchez se pasa la noche sonriendo y dando palmaditas en la espalda de viejos conocidos. “Estoy manejando la situación, todavía no pienso en qué supone que esto se acabe. Supongo que mañana o pasado me dará el bajón”, dice. Él lleva más de 30 años en el negocio del juego y seguirá dedicándose a lo mismo, pero en otro país, a través de la cadena de hoteles.
Lo mismo sucede con Mauricio y los demás empleados, pero quizás corran peor suerte que Sánchez, al no haber una cadena hotelera internacional que los reubique. La mayoría prefiere no hablar, sino trabajar una noche más como lo han venido haciendo a lo largo del tiempo.
El Gobierno, por medio del Ministerio de Relaciones Laborales, cuenta con $4 500 000 para indemnizar a 1 700 trabajadores del sector, así como con un plan para reinsertarlos; aunque todavía no hay plazos.
Solo cabe pensar, como dice Sánchez, que el juego acabó anoche en el país, pero, según él, este continuará, clandestino. “Lo que va a haber es juego ilegal, y eso no se controla”, concluye. (RMD)
Crónica publicada en la página 2 de la edición impresa de diario HOY y en su página web el 23 de marzo de 2012.
Cuando las campanas del convento de Santo Domingo, en el centro de Quito, tocaban el cuarto de las tres, los operarios se afanaban en desmontar el escenario que el oficialismo había preparado para entretener a sus seguidores en la plaza. La falta de quórum forzó la situación.
Si bien fue numerosa, la respuesta masiva que Alianza País y el Gobierno esperaban dar a la marcha indígena contra la minería, se desinfló a medida que comenzó a chispear la lluvia, en las primeras horas de la tarde.
Solo los grupos siempre omnipresentes en las manifestaciones públicas de respaldo a Rafael Correa, como el “Colectivo 30S” o los “Comandos Pais” , aguantaban en la plaza de San Francisco con shows musicales, y otros en la plaza Grande, a la espera de Correa. Ambas tuvieron un lleno de un poco menos de la mitad, si bien por la mañana habrían llegado a los tres cuartos.
Sin embargo, eran otros muchos los que comentaban que ya habían visto a Correa en televisión o recordaban los actos en los que habían estado con él para excusarse ante sus compañeros e irse. Bandera verde en la cabeza para protegerse del agua, los AP se desperdigaron por todo el centro histórico, abandonando los actos oficiales.
Asimismo, por la avenida de Guayaquil, mientras unos se iban, otros venían; desde el Banco Nacional de Fomento o el edificio del IESS, frente al parque de El Ejido; donde comenzaron a gritar sus consignas mientras a pocos metros llegaba la marcha indígena al parque de El Arbolito.
La fuerte presencia policial y una buena organización impidieron los choques, aunque en la avenida 10 de agosto confluyeron los rezagados de AP y la llegada de la marea indigenista. Tan solo se dieron algunos insultos cruzados por encima del cordón policial y la separación del paso subterráneo. “Correísta, seguro te vendes por un sánduche”, le decía uno de la UNP a un seguidor del Gobierno.
Los manifestantes opositores también cantaban consignas a su paso delante de los uniformados, como “Correa tiene miedo, por eso tiene a Quito militarizado”.
De hecho, los efectivos policiales eran el doble en aquellos lugares por donde pasaba la marcha indígena, con dos helicópteros incluidos que supervisaban el desarrollo de la movilización. En los lugares de concentración de AP apenas había antidisturbios, y por supuesto, nada de caballos. (RMD)
Crónica publicada en la página 2 de la edición impresa de diario HOY y en su página web el 9 de marzo de 2012.
La concentración del Gobierno tuvo multitud en la mañana y media Plaza Grande llena, por la tarde. La jornada de apoyo al Ejecutivo repitió características de otras manifestaciones: llegada masiva en buses de ciudadanos de otras provincias, asistencia de empleados públicos y un programa artístico que incluyó como cantante al propio presidente. Aún así, y debido a la agotadora jornada que empezó antes de las ocho de la mañana, para la tarde ya mucha gente se había retirado, justo cuando Rafael Correa y el canciller Ricardo Patiño hacían sus mejores esfuerzos artísticos en la tarima levantada junto al Palacio de Carondelet.
La euforia que se vivió en la Plaza Grande contrastó con otros sectores de la Capital, en donde el tráfico se vio caotizado por la llegada de los visitantes.
Los simpatizantes comenzaron a reunirse temprano en el parque El Arbolito. La mayoría lo hacía para celebrar el Día Internacional de la Mujer, y de paso, dar su apoyo a la revolución ciudadana.
A pesar de ser jueves, el ambiente era de feriado en el parque. Alguno, como Sebastián Burgos, que iba vestido como para ir a la plaza de toros, dijo que había pedido permiso en el trabajo para apoyar la causa. Otros, como Iris Mosquera, que vino desde el cantón Daule, no tiene trabajo, pero igual apoyó. Alrededor de las 11, después de más de dos horas de proclamas por el día de la mujer, y alguna contra “los golpistas y la oligarquía”, la marcha arrancó.
Entre la multitud, cogidas del brazo iban la ministra Carina Vance y Mireya Cárdenas, de la Secretaría de los Pueblos, una de las organizadoras. El río de gente llegó a la Plaza Grande a escuchar al presidente, quien se hizo esperar. Mientras tanto, un show artístico intentaba compensar. Hubo de todo: música indígena, de percusión, marimba y hasta rock. Pero la gente comenzó a reclamar a Correa.
A las 13:00 se apareció, pero solo por un instante y regresó al Palacio. Hasta las 15:00, nada. La marcha se desinfló en la plaza, que, para cuando asomó Correa la segunda vez, estaba llena a tres cuartos. La espera había hecho mella. En la tarima, el presidente fue aclamado y luego habló de los derechos de las mujeres. También se refirió a la prensa. De ahí, cada vez con menos gente y bajo la mirada de algunos turistas, pasó al canto y las consignas, que se mezclaron con el baile del canciller Patiño. Cerca del final, hicieron dúo, en honor a Sabina: “Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres…”. Pocos les hicieron coro. (RMD)
Artículo de opinión publicado el 01 de enero de 2012 en la página 5 de la edición impresa de Diario Hoy y en su página web.
Por Rafael Martí
Parece que el culebrón protagonizado por Iñaki Urdangarín en las últimas semanas comienza a concretarse: un juez sentará al yerno del rey de España en el banquillo de los acusados por un supuesto “entramado societario” y apoderarse de fondos públicos y privados que generó a través del instituto Noós, que presidía.
El que hasta hace poco era el yerno favorito de don Juan Carlos, ha caído en desgracia del rey, que día a día ve cómo se debilita la institución a causa de los desmanes de unos y otros.
Antes, fue Jaime de Marichalar, exesposo de la infanta Elena, que protagonizó aquel escandaloso divorcio, hace ya dos años, aparte de otros rumores cocainómanos que pesan sobre él.
Sin embargo, si dejamos de lado algunas extravagancias exclusivas de su vida privada, lo cierto es que Juan Carlos I, ha sabido dar ejemplo a lo largo de los años en los que ha desempeñado su cargo.
Ha sabido mantener su función institucional, habiendo sido el artífice y árbitro de la transición democrática en España hace 36 años. Así, el monarca ha sido el garante de los principios constitucionales de la España posfranquista, como demostró al desbaratar el intento de golpe de Estado de 1981. Y estos valores, el sentido de Estado y de servicio, han sido los que sus hijos han heredado.
Los yernos han sido quienes han visto la monarquía como ese paso hacia arriba en el escalafón y no con el sentido institucional que, en un país como España, con todas sus circunstancias históricas y políticas, justifica que la realeza esté todavía en pie en pleno siglo XXI.
Por mucho que la monarquía sea la monarquía, la impunidad no es un privilegio, y, al igual que todo ciudadano, Urdangarín se someterá a la Justicia. Esta fue, además, la clave del reciente discurso que el rey dirigió a todos los españoles, como en cada Navidad: “La justicia es igual para todos”.
Una virtud de las monarquías europeas es que son las primeras que se someten a la voluntad popular y al imperio de la Ley, y eso las mantiene vivas.
Y, de hecho, aunque el daño ya está hecho, será la Justicia la que esclarezca que los abusos vienen de Urdangarín, y no de la Casa Real.
El debate sobre la vigencia de la monarquía, como siempre, está planteado, pero la institución durará por largos años si depende de Juan Carlos y del que viene detrás, el príncipe Felipe. De momento, la esposa de este es la única que se salva entre los yernos. La periodista Letizia Ortiz, que se casó con el heredero en medio de muchas críticas por su origen humilde, ha evitado dar sustos a la Casa del Rey.
Entrevista a Sebastián Castella, matador de toros francés y número 8 del escalafón mundial, publicada en la web y en la página 12 de la edición impresa de diario Hoy el 06/12/2011.
A pesar de su aparente timidez y seriedad, de su ocupada agenda y todas las chicas que le persiguen, el número uno de los matadores galos, y uno de los mejores del escalafón, Sebastián Castella, saca unos minutos de su tiempo en Quito para conversar con HOY de su gran pasión, el arte del toreo.
¿Como crees que es la afición ecuatoriana? Te voy a decir que no hay una afición que sea igual. Cada afición, cada país, tiene su personalidad y su modo de ver, de entender y de expresar. Obviamente, aquí, en América Latina y en Quito, tiene esa sangre caliente, ese amor y esa sensibilidad, porque lo han demostrado y lo demuestran, y yo lo he vivido en mis propias carnes. Para mí, no es por dar coba, pero es una de las aficiones mas bonitas que hay.
¿Cómo ves a la Feria de Quito dentro de cinco años? La veo como que volverá la fiesta taurina como siempre ha sido, porque creo que eso es un huracán que está pasando, y como los toreros tenemos que tener paciencia, los aficionados tienen también que tener paciencia. Lo importante es que esta feria se esté dando, que la afición haya ido a la plaza, porque por mucho debate y mucho decir que no se mata a los toros, hay que apoyar. Uno apoya yendo y siempre a favor de lo que es el toreo.
Hay gente que considera una cesión a una decisión política que grandes figuras hayan venido a la feria. Creo que, antes de dejar morir un arte, hay que apoyarlo. En Portugal, no se mata, no se pica, no se banderilla, y van los toreros. Y aquí, que tiene más cultura, que tiene más vida, que se pican los toros… Es insignificante decir y largar cosas que no tienen sentido. Para mí forma de ver las cosas, después de debatir tanto, hay que apoyar. (La muerte del toro) es algo que volverá.
¿Tienen fecha de caducidad los toros en el panorama actual? En Barcelona se acabó… No, jamás. Sabemos que es político, así que habrá cambios, y ya ha habido cambios. Hay que siempre querer creer en las cosas buenas. Por supuesto que estamos en un momento difícil, pero si uno empieza a rebajarse y a decir que estamos perdidos, no es la buena manera de afrontarlo.
¿Qué le dirías a un antitaurino? Nada, porque es perder tiempo. Él tiene una visión que respeto, pero para nosotros, es nuestra vida, nuestro amor. Para él, es solo un debate; para nosotros, nuestra pasión.
¿Y qué argumentos darías para que se restablezca el tercio de muerte? Te voy a contar una historia. Antes de querer ser torero, tenia afición a los toros. Mi padre me llevaba a las corridas, a la feria de Béziers (sur de Francia), y me fascinaba el arte del toreo, pero me daba una pena tremenda del animal.
A mí, no me gusta la caza, no me gusta la pesca, no me gusta ver animales sufriendo. No me gusta un caballo o un perro dejado así porque ya no sirve, y que se va a morir. A mí, me da una pena tremenda, porque yo hasta lloro. Cuando me metí en el toreo, fui entendiendo que la parte de la muerte del toro es necesaria porque el toro es un animal que tiene una bravura y una inteligencia que no tiene ningún otro animal. El toro bravo es el animal que tiene la inteligencia más elevada dentro de los animales. El argumento te lo da el toro mismo.
El toro se va para adentro pero lo matan con un balazo, y nadie lo ve. Esa no es la muerte que quiere ese animal. No estamos dentro de él, pero llevan cientos de años criándolo y ya lo conocemos, que tiene esa fuerza, esa aletilla y esa verdad. Porque el único que, en el mundo del toreo, tiene la verdad es el toro. Los demás solo estamos ahí acompañando.
¿Qué fue lo primero que pensaste con la prohibición? Dentro de lo malo, le di gracias a Dios de que no quitaran el toreo entero. Hay que ser inteligentes. Ellos no han sido inteligentes. Quieren hacer una cosa pero les ha faltado inteligencia, y no voy a decir más porque con eso, ya lo digo todo. Y eso nos beneficia a nosotros.
Cuando te toca entrar a matar y no puedes, ¿cómo te sientes? Yo voy a la plaza a torear, no a matar a un toro.
Pero te llaman matador… Sí, obviamente, porque en los principios, solo se pegaban dos muletazos y se mataba. Ha evolucionado y los toreros no vamos a matar, sino a torear. La gente no quiere ver cómo matan a un toro, sino que quiere ver arte. Y hace parte dentro de ese arte la parte final, que es matar al toro.
¿Te cansas de la rutina del torero? ¿Y de que todas se quieran hacer fotos contigo? No me canso, y eso no es todos los días (risas). Hay toreros que llegan a la plaza y que son más accesibles. Mi seriedad se confunde. Dicen que soy antipático, pero están equivocados. Para conocer a una persona, hay que tratarla. Pero veo que me voy a jugar la vida, y lo tengo en mi mente y en mi corazón. Voy a la plaza y no tengo ganas de saludar, porque tengo miedo.
¿Has pensado en dejarlo? No voy a dejar mi vida. Tú no dejarías tu pasión… ¿no?, por muy peligrosa que sea.
¿Cuál es tu plaza favorita? Me lo quedo para mí (risas).
Vamos… Mi plaza, me mojaré, y diré Las Ventas (de Madrid). Hay tantas, pero Las Ventas es mi plaza.
¿Y Quito? Es muy especial, por el cariño que me han dado y porque es América Latina. Yo amo Francia porque es mi tierra y no voy a renegar. Pero al igual que amo mi tierra y mi familia, quiero también a mis amigos y a mis plazas. (RMD)
Perfil del juez Baltasar Garzón publicado en la página web de diario HOY y en la página 2 de la edición impresa el 5/12/2011.
El juez español Baltasar Garzón, coordinador del grupo de veedores para reformar la justicia en el Ecuador, enfrenta actualmente tres causas en su contra. Aquí el perfil del “juez juzgado”
El próximo 17 de enero, Baltasar Garzón se sentará en el banquillo de los acusados por ser el presunto autor de un delito de abuso de poder en un caso de corrupción que afecta a varios dirigentes regionales del partido de derechas en España, el PP, ya que presentó como pruebas contra los acusados las grabaciones de las conversaciones de los detenidos con sus abogados.
Cinco días más tarde, el 24 de enero, el juez volverá a ser juzgado. En este caso por invadir su jurisdicción al pretender juzgar los crímenes del bando franquista durante la Guerra Civil española y la posterior dictadura, hasta 1975. Estos delitos fueron amnistiados en España en 1977. La demanda en su contra fue interpuesta por organizaciones de extrema derecha.
Por si fuera poco, todavía no hay fecha para un tercer proceso, por el cobro de dietas durante unas conferencias que impartió en la Universidad de Nueva York (NYU).
Para este juez de indiscutible trayectoria, las cosas se han puesto feas: el año pasado, la Audiencia Nacional lo apartó de la función judicial por el caso del Franquismo, y el Consejo General del Poder Judicial, órgano que vela por la independencia de los jueces en España, lo ha suspendido.
Garzón, (Jaén, 1955), frustrado sacerdote, comenzó la carrera judicial a los 26 años. Pronto pasó de los juzgados de pueblo a la primera A de la justicia cuando fue nombrado uno de los cuatro jueces de la Audiencia Nacional, encargado de perseguir grandes causas de terrorismo y narcotráfico.
Así, fue él quien dio importantes golpes a la banda terrorista vasca ETA y a las redes del narco. Posteriormente fue el juez que prosiguió las causas contra un grupo de la policía que practicaba el terrorismo de Estado contra ETA, bajo el amparo del Gobierno socialista de Felipe González, al inicio de los 90.
En 1998, su ambición y capacidad lo llevaron a ordenar la detención del general chileno Augusto Pinochet por desapariciones de ciudadanos españoles durante la dictadura, hecho que le catapultó al estrellato mundial. Siguiendo esa senda, acusó al militar Ricardo Miguel Cavallo por torturas durante la dictadura argentina de 1976. También procesó a otros 98 militares.
Estos casos y otros, como, por ejemplo, la emisión de una orden de captura a Osama Bin Laden, le han dado un brillante palmarés, y también el ser considerado héroe y villano al mismo tiempo.
Lo cierto es que Garzón ha sido -y es- un personaje envuelto de polémica. Siempre ha tenido un gran atractivo por la política y por destacar el los casos más sonados, lo que le llevaría a los tres procesos actuales.
Jamás ha ocultado su preferencia por la izquierda. De hecho, en las últimas elecciones manifestó su apoyo al candidato Gaspar Llamazares, uno de los representantes de la izquierda radical española.
Antes, habiendo rechazado a sus funciones, trabajó en el Gobierno de González. También fue notoria su presencia en actos públicos como las manifestaciones contra la guerra de Iraq, durante el Gobierno del PP. La última polémica fue en la que apareció fotografiado con un ministro de Justicia en una cacería, lo que forzó la dimisión del secretario de Estado, hace dos años.
Actualmente, Garzón, apartado de sus funciones, se dedica a dar conferencias por todo el mundo, a prestar su ayuda en calidad de experto en organismos como la OEA o el Tribunal Penal Internacional de La Haya, o a apoyar reformas judiciales como el caso del Ecuador.
Por todas estas labores recibe altas sumas de dinero. Sin ir más lejos, en España se desató una polémica porque mantendría su salario de juez suspendido cautelarmente (1 800 euros mensuales) al tiempo que cobraría de La Haya unos 9 000 euros mensuales, hecho sin precedentes en la justicia española.
Pero el caso más grave y que lo ha llevado a ser procesado por tercera vez es el de la NYU. Garzón habría cobrado, al mismo tiempo que su sueldo de juez, $21 152 en concepto de viajes, $21 650 destinados por NYU a financiar la matrícula de su hija en la Escuela Internacional de Naciones Unidas, $160 333,14 en concepto de sueldo por las conferencias y su estancia de un año (entre 2005 y 2006) en la universidad. A esto se suma el sueldo de su asistenta personal durante los coloquios y el costo del arriendo del departamento en Nueva York; en total, $33 000.
Estas sumas de dinero las cobró de la propia universidad, a través del Banco Santander. Garzón escribió personalmente a su presidente, el banquero Emilio Botín, para pedirle fondos ($302 000) para financiar sus actividades en el Centro Rey Juan Carlos (organizador de las conferencias), de los que presuntamente hizo uso en las cantidades anteriormente citadas.
Pese a estos procesos, la tenacidad de Garzón es imparable. Mientras estudia maneras de “librarse” de la justicia (ya le han rechazado 4 recursos en el caso de escuchas) y de seguir con sus grandes casos, se dedica a actividades que no le van nada mal, entre ellas, reformar la justicia ecuatoriana. (RMD)
Una de las cosas con las que siempre soñé era vivir el fútbol en América Latina. Cualquier amante del deporte rey habrá delirado con estar en un Boca-River, ver al Santos o a Vélez en directo. Yo ayer lo vi. No estuve en la mítica bombonera, pero sí en la Casa Blanca de Quito, en la semifinal de la Copa Sudamericana entre Liga Deportiva Universitaria de Quito y Vélez Sarsfield, de Argentina.
Acostumbrado a presenciar el fútbol en santuarios como el Camp Nou, la Casa Blanca puede decepcionar. Sin embargo, es todo lo contrario. En la Casa Blanca no hay humo de puro, ni abrigos de cuero, ni voces roncas cagándose en la madre de Keita, ni rajando del presidente, ni aplaudiendo tímidamente cuando Messi hace una obra maestra. No, aunque uno pueda ser del Barça a matar, como es el caso. En la Casa Blanca, a uno le dan mucho menos y devuelve mucho más.
En un lugar donde la mayoría de la población tiene escasos recursos, ir al estadio es un lujo. Ayer estaba lleno, y cuando esto ocurre es porque vale la pena, e inmediatamente sabes que la gente lo va a aprovechar. Arranca el partido en el pequeño coliseo que arde con 30.000 gargantas gritando su amor a la institución futbolística con más casta de Ecuador. A un lado, la muerte blanca, la barra brava (o ultras) de la “U”, como también se conoce a los quiteños, que no para de botar al ritmo del tambor y la trompeta.
Ellos, formados con el Colo-Colo chileno, son los directores de orquesta del estadio, tienen la batuta y no cesan ni un solo segundo de los 90 minutos, sin contar los posteriores a la victoria, hasta que todo el mundo se ha ido. Cuando anota el pirata Barcos se encienden de rojo bengala, y gritan más que nunca el “yo te daré”. Suben a las vallas, de 10 metros, y la policía mira. Es como estar en una olla a presión. El ruido es ensordecedor, los golpes de tambor palpitan en el corazón, las trompetas rechinan en el oído y las voces llenan el alma. 1-0.
Los cantos ahora son de agradecimiento. Llega el segundo y se duplican. El frío desaparece de la noche quiteña, el fútbol da calor. Las cervezas han desaparecido al igual que los cigarrillos. Abajo está el pueblo, de pie casi, arriba, desde donde yo lo veo, los ricos, en las “suites”, una curiosa aplicación de los palcos del Liceu a un estadio de fútbol, con nevera y baño dentro, y los asientos afuera. Pero con baño o sin él, todos gritan por igual. No hay puro ni “em cago en la òstia”, solo fútbol, solo pasión, solo corazón. Que viva América, carajo.
Reportaje y fotos publicados en la página web y en la sección Vida Diaria de diario Hoy, el 19/11/2011
Fabio, el canoero. Copyright Rafa Marti 2011.
Son muchas las personas que han hecho de la Amazonía una forma de vida. HOY conoce las historias de algunos de los personajes que ponen cara al río Napo, un mundo diferente a tan solo tres horas de Quito.
Gabriel Arias es de Quito. Tiene 27 años y lleva tres viviendo en Tena, lejos del estrés y de las preocupaciones cotidianas de la ciudad. Como él dice, no es “el hijo que iba a ser abogado”.
Tras pasar por varias carreras, se decidió a estudiar Turismo. Luego pasó cinco años dedicado a la montaña en Bolivia y Perú. Finalmente, redescubrió el Oriente y se quedó.
“Una vez descubrí el río, me cautivó, y sobre todo el hecho de vivir haciendo lo que me gusta”, dice, mientras se dirige al Jatunyacu, la parte alta del Napo, donde prepara un descenso de ráfting, actividad con la que se gana la vida.
Desde la empresa Ríos Ecuador, fundada en 1996 por un estadounidense enamorado del Napo, organiza descensos de todo tipo, y paquetes que incluyen aventura e inmersión en la selva.
Un día normal en su vida consiste en una bajada cargada de adrenalina a través de los rápidos durante la mañana, y por la tarde, unas cervezas con sus amigos.
Arias reconoce que vive al día. Cada viaje completo son $59, de los que él se lleva un porcentaje, y luego, de las propinas que dejan turistas europeos y norteamericanos. Sin embargo, no le importa. “No es tanto la seguridad sino la posibilidad de disfrutar”, reconoce.
En un tiempo tiene previsto desplazarse a los Estados Unidos para formarse en otras actividades de aventura, pero en sus planes está volver al Napo, una zona que ofrece muchas posibilidades para este deporte, por el clima, la cercanía a Quito y el entorno selvático.
Se trata de uno de los “tesoritos” que tiene el Ecuador, añade, y no duda que, cuando pase el tiempo se quedará aquí en su cabaña.
Gabriel se dedica al ráfting. Ha hecho del Napo su vida. Copyright Rafa Marti 2011
En el río también dedica sus horas Fabio Chimbo, un indígena kichwa de la comunidad de San Pedro de Awcatarti, una de las miles que se extienden en la rivera del río.
Al igual que su padre y su hermano, es canoero, el taxista del río. Lleva 10 años llevando a gente de una comunidad a otra. También a turistas hacia a esos remansos de paz donde solo el motor de su canoa interrumpe el silencio vivo de la selva y la vida tranquila de los indígenas. Ni carros, ni helicópteros, solo su canoa de madera.
Cada jornada, en la que él mismo fija su horario, puede ganar unos $20; $70 cuando la temporada es alta y miles de turistas se acercan curiosos a conocer el mundo de las comunidades.
Al igual que la mayoría de indígenas kichwa de la zona, el turismo supone para Chimbo su principal fuente de ingresos. Por eso, la presencia de turistas, a él y a los suyos no los incomoda, más bien todo lo contario. Además, según subraya, es para ellos un modo de dar a conocer su cultura y forma de vida.
Con una inversión inicial en la canoa y el motor, que en conjunto puede alcanzar los $10 000, sobre todo por el motor, Chimbo pretende enseñar el oficio a sus hijos.
Y es que para ser canoero hace falta arte. El Napo se caracteriza por fuertes corrientes y lidiar con este afluente del Amazonas no es sencillo. “Uno debe conocer el río, cada tramo”, apunta mientras reconoce que, pese a que no ha habido muchos accidentes, la canoa se puede hundir fácilmente.
Quien parece no tener miedo de esto es Elisabeth Hengley, una antropóloga canadiense que también ha hecho del Napo su hogar. Como muchos extranjeros vino a pasar seis meses de voluntariado en las comunidades indígenas de la zona. Hace cuatro años de esto, y la crisis económica mundial impidió que tomara un pasaje a la India para quedarse también en el río, fascinada por el cacao.
“Ecuador fue la síntesis de muchos de los lugares en los que he vivido”, y por eso me quedé, añade desde el cobertizo de su majestuosa cabaña en el que cuelgan cuelgan unas tumbonas al frente del río, a más o menos 1 kilómetro de Puerto Misahuallí.
Los niños indígenas de la ribera viven en libertad, una de las cosas que admira la canadiense Elisabeth Hendley, antropóloga. Copyright Rafa Marti 2011
Hendley se dedica exclusivamente al cacao. Durante su período como voluntaria se quedó maravillada al conocer que el chocolate y los derivados del cacao procedían de un árbol.
Tan es así que ahora dedica todas sus energías a divulgar el proceso del cacao ecuatoriano, “el mejor del mundo”, reconoce, por las condiciones climáticas que ofrece el Ecuador. No obstante, entre risas, dice que no quiere que se sepa para evitar la explotación a gran escala.
Junto a la cabaña en donde vive está edificando otra que convertirá en un gran museo del cacao. Por el momento, tiene una habitación decorada con mucho gusto en la que ha montado un minimuseo abierto al público.
Hendley ha sido aceptada por las comunidades y adora el lugar: “Aquí los niños se mueven con libertad, no existe el miedo”.
Franklin, el cocinero de la Casa del Suizo. Copyright Rafa Marti 2011.
Desde fuera, aunque no desde tan lejos como Elisabeth, también vino Franklin Morán, un fluminense que se siente aguanense de corazón, en referencia a la comunidad Aguano, cerca de donde vive y trabaja: La Casa del Suizo.
Morán, de 45 años, es el chef de este lodge amazónico, emplazado en medio del Napo. Sirve a un promedio de 60 personas diarias durante todo el año y disfruta su quehacer en este entorno privilegiado, así como de la acogida de sus gentes.
Solo es uno más, al igual que Arias, Hendley o Chimbo, que, procedente de fuera o del mismo Napo, se quedó prisionero de este lugar nada más verlo, y no lo puede dejar. “Vivo enamorado”, concluye el cocinero, mientras prepara un pescado recíen traído de una comunidad. (RMD)